DÍA MUNDIAL DE TOMA DE CONCIENCIA DEL ABUSO Y MALTRATO EN LA VEJEZ

Comienzo transcribiendo las palabras del Papa Francisco, que espero incomoden a todos aquellos indolentes que, en este país, miran a los viejitos como desechos sociales, hasta el punto de la crueldad.
“Gracias a los progresos de la medicina, la vida se ha prolongado: ¡pero la sociedad no se ha “prolongado” a la vida! El número de los ancianos se ha multiplicado, pero nuestras sociedades no se han organizado suficientemente para hacerles lugar a ellos, con justo respeto y concreta consideración por su fragilidad y su dignidad. Mientras somos jóvenes, tenemos la tendencia a ignorar la vejez, como si fuera una enfermedad, una enfermedad que hay que tener lejos; luego cuando nos volvemos ancianos, especialmente si somos pobres, estamos enfermos, estamos solos, experimentamos las lagunas de una sociedad programada sobre la eficacia, que, en consecuencia, ignora a los ancianos. Y los ancianos son una riqueza, no se pueden ignorar.”
Una de las principales causas para que suceda el abandono, es que la persona adulta mayor ya no posea una vida laboral útil o posea una pensión miserable, como las que se acostumbran en este país y comience a generar gastos en la familia. Situación que causa tensión y trasforma el trato de sus hijas e hijos, amistades y parientes cercanos.
Al sufrir una fractura con las personas más cercanas, el anciano tiende a replegarse o desplazarse a un rincón de la casa provocando cuadros depresivos.
Otro caso frecuente ocurre cuando la familia se apodera de los bienes materiales de la o el adulto mayor, aprovechando su fragilidad, falta de memoria o dependencia. El abandono cobra sentido cuando al dueño original se le ignora, o se le agrede (física o verbalmente) y en ocasiones se le desplaza de la familia llevándolo a asilos o albergues en contra de su voluntad.
Por consecuencia, las familias pierden a un miembro clave para continuar con el aprendizaje y la sabiduría por experiencia. Socialmente este comportamiento denota una pérdida de identidad y fomenta la extinción de la trasmisión cultural, de generación en generación, benéfica para el núcleo familiar y su identidad.
En estos momentos es dramático observar que día a día en nuestro país se presenta de forma creciente la indigencia en ancianos. Esto nos hace preguntarnos. ¿Cuándo volvimos inútiles a los precursores de la sociedad peruana? ¿En qué momento nos olvidamos de lo importante de nuestros padres y abuelos?, nos olvidamos de su importancia para las futuras generaciones, las cuales al parecer crecerán sin llegar a escuchar las anécdotas, historias y recuentos de épocas inmemorables de nuestra sociedad y de su participación en dichos hechos.
Esto nos hace pensar, qué será de nosotros cuando lleguemos a ancianos, quién velará por nuestros cuidados si seremos o no amados o por lo contrario si seremos olvidados y desechados como un artículo viejo que nadie quiere o necesita.
Hoy en día estos casos se consideran un grave problema social, con raíces culturales y psicológicas. No importa el nivel económico ni educativo de quien lo ejerce o lo padece.
Hasta ahora para la mayoría de las personas era muy difícil comprender que estos hechos podían darse en la propia familia. Lo asociaban solo a casas de retiro.
El maltrato y abandono de adultos mayores ha sido denominado un “delito oculto” ocurre frecuentemente detrás de puertas cerradas y nadie se entera. Pero esto levanta interrogantes. Hay cosas que las personas hacen que son muy malas, como humillar a otra persona, pero eso no es delito, ¿o sí? Y, ¿qué tan grave debe ser el abandono antes de que alguien debiera llamar a la policía? ¿Existe un delito denominado “maltrato de ancianos”?
Pero existe un delito “institucional” asolapado: el que comenten las organizaciones públicas como MINSA, al no estimular las construcciones de hospitales geriátricos en las cabeceras de provincia y estimular la especialización de geriatría y gerontología en los nuevos profesionales, sabiendo que la población está envejeciendo.
La edad avanzada no implica pérdida de derechos, ni tampoco infiere que debe haber un trato diferente. Los adultos mayores son sujetos activos y con potencial a desarrollar en diversas actividades, deben vivir en condiciones dignas y disfrutar de su autonomía e independencia.
Es de real importancia remarcar que los Adultos Mayores al igual que todos los ciudadanos, mantienen el derecho al disfrute de vivir en contextos donde sean tratados con el mayor de los respetos.
No se puede olvidar, que los adultos mayores son sujetos de pleno derecho, y cualquier tipo de trato inadecuado es una flagrante violación a sus derechos.
Las relaciones de Buen Trato parten de la capacidad de reconocer que «existe un YO y también que existe un OTRO, ambos con necesidades diferentes que se tienen en cuenta y se respetan…»
Es necesario promocionar y fomentar una Cultura de Buen Trato en la totalidad de la sociedad, impulsando la solidaridad intergeneracional, desarmando los estereotipos negativos y los prejuicios, contribuyendo a la construcción de una imagen positiva hacia la vejez.
Los medios de comunicación tienen la obligación, y pueden también, considerando el impacto de los mismos en la población, aportar sobre la construcción de una imagen positiva del envejecimiento, sumando desde su espacio el reconocimiento político y social de los adultos mayores.
Las sociedades que bregan por la inclusión y la justicia social deben poner en marcha y reforzar las políticas y prácticas que garanticen los derechos de las personas, independientemente de su condición y edad.
“Y si fuego es lo que arde en los ojos de los jóvenes, luz es lo que vemos en los ojos del anciano”.
Un cafecito bien legal (2020). Maria Angela Huamán Alarcón.
Abogada de Familia, Conciliadora extrajudicial, Diplomada en gestión pública.
Protegiendo tus derechos, www.mufasyd.org Lima, Perú.
Descargar Día mundial de Toma de conciencia del abuso y maltrato en la vejez