Domingo, 26 de Abril del 2020

Infancia postergada


“Dra. Marian, me llamo Juan y soy un niño de 11 años, que como los demás estoy encerrado hace mucho tiempo en mi casa.

 

No entiendo nada de lo que está pasando, porque escucho por tv, radio y el internet muchas cosas. Además, mis padres comparten información por el Whatsapp con memes y cadenas.

Veo que hay hospitales llenos, enfermos que sufren y muertos por las calles. Mi hermanita se ríe porque cree que son zombis, no entiende, es pequeña. Pero Yo estoy entendiendo que algo anda muy mal afuera, y lo peor no sé a quién creerle. Pero yo quiero saber. Tengo derecho a estar informado

 

La semana pasada comenzaron mis clases y debo compartir la computadora con mi papá, a veces no hay red y no recibo mis clases, Mi mamá dice que no importa y que lea un libro, pero a Mi si me importa aprender. Tengo derecho a la educación.

 

 A veces tengo que consolar a mi mamá porque piensa que se va a morir, y luego ya ni tengo tiempo para jugar, porque mis padres aparte de discutir por el dinero a veces se han golpeado. Digo. ¿No tengo derecho a una vida tranquila, un hogar con bienestar y a jugar?

 

A los padres solo les pido que nos den lápices y colores, que nos dejen jugar, enseñarnos a cocinar algún plato, a limpiar juntos el dormitorio, escuchar música, bailar, comer juntos y compartir tiempo de calidad, leer, bailar en la sala DÈJENNOS SER NIÑOS…verán que no es tan difícil.

 

Explíquennos con paciencia y amor qué pasa, pregunten cómo nos sentimos. Pero no desfoguen en nosotros su ira y su violencia. Soy tu hijo, soy un niño. No está bien que me maltrates.

 

Si nos escucharan un poco más, si dejaran de pensar que somos invisibles el mundo sería... ¡MEJOR! “ (carta de Juan, un niño de once años).

 

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La declaración del estado de alarma ante la pandemia de la COVID-19 indica claramente que no se puede salir a la calle. Entre las excepciones que se vienen dando no se ha contemplado a los niños, lo que afecta directa y negativamente al ejercicio de sus derechos.

 

Efectivamente, sobre el tapete está en vista los derechos del niño; es decir, el reconocer al niño como sujeto titular de derechos tal como establece la Convención sobre los Derechos del Niño.

 

Olvidan este importantísimo concepto quienes piden la salida a la calle de los niños como “necesidad” para aliviar el estrés del aislamiento.

 

No se trata tanto de una cuestión de pura conveniencia del ejercicio de un derecho fundamental de los niños, sino garantizar la salud y la seguridad de todos.

 

La discusión gira en torno a la titularidad y protección de los derechos humanos y las garantías que han de darse para su ejercicio por los niños, quienes, por ser una población vulnerable, merecen de una especial protección que no debe bajar la guardia en tiempos de aislamiento.  “los niños están aislados, sus derechos no”.

 

Es cierto que, la libertad de circulación no es el único derecho de los niños que se ve afectado en la actual situación de emergencia sanitaria.

De ello ha advertido el Comité de los Derechos del Niño:  el grave efecto físico, emocional y psicológico de la pandemia de la COVID-19 sobre los niños, e insta a los Estados a proteger los derechos del niño adoptando medidas que específicamente los tengan en cuenta, sin que sea suficiente –ni adecuado– encerrarlos en la normativa general aprobada para el estado de alarma.

 

El derecho a unas condiciones de vida dignas en cuanto a alimentación, vivienda, acceso a servicios esenciales como los de salud o los servicios sociales, el derecho a la educación (incluyendo el acceso a internet), el derecho al juego, al ocio, al esparcimiento y a la realización de actividades recreativas, el derecho a no ser objeto de ninguna forma de violencia, especialmente en el hogar, o el derecho a ser informado sobre la situación y a ser escuchado, son algunos de los derechos de los niños directamente afectados por la situación surgida de la declaración de estado de alarma, que incluso puede agravar la situación de especial vulnerabilidad en la que ya se encuentran determinados colectivos: niños con discapacidad, niños migrantes, entre otros.

 

Las condiciones de vida de todas las personas se han visto abruptamente alteradas por la pandemia, pero, de nuevo, no olvidemos poner el foco específicamente en los niños y en sus derechos.



"Ver sufrir a los niños hace mal al alma porque los niños son los predilectos de Jesús. No podemos aceptar que se les maltrate, que se les impida el derecho a vivir su niñez con serenidad y alegría, que se les niegue un futuro de esperanza"


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